¡Bienvenidos al blog de Tercero de primaria 2020! Aquí encontrarán contenido para apoyar a los niños y niñas :)
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Thursday, July 2, 2020
Wednesday, June 10, 2020
WEEK 13 - CHARACTER COUNTS - El cumplimiento del deber
“SERES RESPONSABLES” NUESTRO ROL EN LA COMUNIDAD
Por el hecho de vivir en sociedad, crecemos y nos desarrollamos sobre la base de objetivos comunes, como la convivencia y el bienestar. Las libertades de que gozamos van acompañadas de los deberes que, desde niños, vamos asumiendo a través de la responsabilidad. Desde la más humilde tarea hasta la más compleja, todas tienen sus consecuencias y depende de la responsabilidad con las que las hagamos para que sean beneficiosas para nosotros y para quienes nos rodean.
No es lo mismo decir que alguien tiene una responsabilidad a su cargo, que decir que ejerce su tarea con responsabilidad. Ser responsables es tener conciencia de las obligaciones propias. Es actuar cumpliendo con ellas por convicción y no simplemente porque sean obligaciones, sentidas como una carga, sino disfrutando de la satisfacción del deber cumplido. Es por esto que, la persona responsable generalmente hace más de lo que sus obligaciones le exigen.
Una persona responsable sabe que, sean sencillas o complejas, todas las actividades deben realizarse responsablemente. Por ejemplo: No solo del acierto del médico dependen vidas humanas; una instalación de gas deficiente puede ocasionar tanto daño como un mal diagnóstico, y así muchas otras cosas.
Cada uno de nosotros cumple una función en la sociedad: en su país, en su ciudad, en su comunidad, en su familia; y esa función es importante para todos. Cuando tomamos un medicamento, nos alimentamos, cruzamos la calle, viajamos en autobús, en barco o en avión, no hacemos más que depositar nuestra confianza en la responsabilidad de muchísimos seres humanos que hacen los trabajos más variados. Cuando realicemos una tarea, pensemos que los demás confían en que la llevaremos a cabo responsablemente.
Las personas no somos seres solitarios: necesitamos vivir en comunidad; la existencia de cada uno depende del conjunto de la sociedad y a la vez la sociedad no puede prescindir de la participación responsable de cada integrante.
“La responsabilidad va más allá de lo que la obligación exige”
Anónimo
De cómo sucumbió Villa Niloca entre las garras del mal tiempo (CUENTO)
Para los que nunca fueron de visita –cosa que dudo- les cuento que Villa Niloca es un pequeño poblado ubicado acá nomás. En él, en el poblado digo, los habitantes tienen la propiedad de hacer lo necesario sin ganas. Y lo demás….no hacerlo. ¿Cómo les explico? A ver: los nilocos saben de memoria que es imprescindible plantar árboles para que los pájaros puedan construir sus nidos. Entonces, sin ganas y protestando, los plantan. Ponen semillas en la tierra y esperan a que los árboles crezcan. Ahora bien: si uno les dice que después de un tiempo hay que podar las ramas y regarlos, ellos contestan: “¡Ah, no!” “¡Eso no!” “¡Ni locos!”. Y entonces las pobres plantas crecen tristes, sin fuerza y más de una vez se mueren resecas con el primer otoño.
—Hay que talar este árbol seco —dice entonces una niloca.
—Yo, ni loco —le contesta su marido.
Todo es así en Villa Niloca. A la hora de cenar, para poner la mesa los miembros de la familia se pelean. Y, como por supuesto, viviendo en esa villa son todos “nilocos”, terminan apoyando la comida en cualquier parte y (aunque no lo crean) comiendo con las manos.
Dicen que dicen que este pueblo fue fundado hace mucho por don José de la Pereza, quien, junto con su batallón llamado “Los irresponsables”, durante largo tiempo gobernó Villa Niloca. Eso es lo que se dice por ahí. Y que el lema de estos conquistadores fue: “¿Para qué hacer las cosas bien si se pueden hacer más o menos?”. Los nilocos, como es natural, acostumbrados desde chiquitos (desde niloquitos) a la educación impartida por los hombres de don José de la Pereza, son, tal vez sin quererlo, perezosos e irresponsables de ley.
Hace pocos días, sin embargo, algo sucedió que según parece, cambió los ánimos de los villanilocos y los hizo pensar. Fue el “bombardeo celeste a la hora de la siesta”. En realidad, solo una fuerte tormenta de granizo que causó verdaderos estragos en el pueblo niloco. Sobre todo porque, imprevistamente, les interrumpió la sagrada siesta.
No sé si les dije que en las casas de Villa Niloca no existen los techos. No. No existen.
Porque cuando alguien sugirió una vez que los techos eran importantes para protegerse de los malos tiempos, los nilocos respondieron a coro: “¡Ah no!” “¡Ni locos vamos a construir techos!” “Bastante trabajo nos costó hacer las paredes…”. Y como Villa Niloca tiene un clima bueno y la gente se defiende de la lluvia tapándose con enormes bolsas de plástico, nunca se preocuparon por los techos. Hasta hace pocos días. Porque por primera vez cayó una enorme tormenta de granizo y las bolsas de plástico no sirvieron ni para ponerse a salvo de los truenos. ¡Pláfate! ¡Ploff! Los pedacitos de hielo cayeron sobre los nilocos dejando, en algunos casos, heridos de cierta importancia. Y esto no fue todo.
—¡Vamos al hospital! —dijo una niloquita a su abuela cuando la vio lastimada.
—¡Ni loca! —le respondió su abuela.
—¿Cómo ni loca?
Y cuando a la fuerza logró arrastrarla, el médico de guardia las miró con mala cara y balbuceó:
—Ni loco voy a atenderlas a la hora de la siesta.
—¿Cómo ni loco?
Uno encadenado al otro, los sucesos provocaron un verdadero desastre en Villa Niloca. Heridos, peleas, gritos. Casi la destrucción. Hasta que un joven niloco propuso calma. Y sin que nadie dijera “ni locos vamos a calmarnos”, toda la población se fue tranquilizando y se dispuso a meditar.
—Pensemos —se decían unos a los otros los nilocos—. Pensemos.
Y desde ese entonces es eso lo que están haciendo: pensando.
Tal vez pase mucho tiempo hasta que en Villa Niloca los habitantes comprendan por qué son como son y de qué manera podrían cambiar. Lo importante es que, tanto en esa villa como en cualquier otra parecida, la gente se preocupe por vivir mejor. Aunque para eso haya que trabajar mucho.
Aunque, al fin de cuentas, haya que enfrentar si es necesario, a don José de la Pereza cuyas ideas sobreviven entre sus fieles sucesores, los perezosos e irresponsables.
Silvia Schujer
Monday, June 1, 2020
CHARACTER COUNTS - THE THREE LITTLE PIGS
https://youtu.be/Tmo4XgTHkxQ
LOS TRES CERDITOS Y EL LOBO FEROZ
(Esfuerzo y buen trabajo)
Había una vez tres hermanos cerditos que vivían en el bosque. Como el malvado lobo
siempre los estaba persiguiendo para comérselos dijo un día el mayor:
- Tenemos que hacer una casa para protegernos de lobo. Así podremos escondernos dentro
de ella cada vez que el lobo aparezca por aquí.
A los otros dos les pareció muy buena idea, pero no se ponían de acuerdo respecto a qué
material utilizar. Al final, y para no discutir, decidieron que cada uno hiciera su propia casa.
El más pequeño era bastante juguetón y holgazán, por lo tanto optó por construir su casa
de paja, para no tardar mucho y poder irse a jugar después.
El mediano tampoco quería esforzarse mucho así que prefirió construirla de madera, que
era más resistente que la paja y no le llevaría mucho tiempo hacerla.
El mayor de los hermanos, en cambio, era sensato y tenía muy buenas ideas. Quería hacer
una casa confortable pero sobre todo indestructible, aunque tardara más que sus hermanos,
lo mejor era hacer una casa resistente y fuerte con ladrillos.
- Además así podré hacer una chimenea con la que calentarme en invierno, pensó el cerdito
mayor.
Sus hermanos no entendían para qué se tomaba tantas molestias.
– ¡Mira a nuestro hermano! – le decía el cerdito pequeño al mediano – Se pasa el día
trabajando en vez de venir a jugar con nosotros.
– Pues sí ¡vaya tontería! No sé para qué trabaja tanto pudiendo hacerla rápido y fácil como
nosotros. Nuestras casas han quedado fenomenal.
El cerdito mayor, les escuchó.
– Bueno, cuando venga el lobo veremos quién ha sido el más responsable y listo de los tres.
Les dijo a modo de advertencia.
Tardó varias semanas y le resultó un trabajo agotador, pero sin duda el esfuerzo mereció la
pena. Cuando la casa de ladrillo estuvo terminada, el mayor de los hermanos se sintió
orgulloso y se sentó a contemplarla mientras tomaba una refrescante limonada.
– ¡Qué bien ha quedado mi casa! Ni un huracán podrá con ella.
Cada cerdito se fue a vivir a su propio hogar. Todo parecía tranquilo hasta que una mañana,
el más pequeño que estaba jugando en un charco de barro, vio aparecer entre los arbustos
al temible lobo. El pobre cochino empezó a correr y se refugió en su recién estrenada casita
de paja. Cerró la puerta y respiró aliviado. Pero desde dentro oyó que el lobo gritaba:
- Abre la puerta o soplaré y soplaré y la casa derribaré. Dijo el lobo.
- ¡No! ¡Eso ni pensarlo!, le respondió.
Y el lobo empezó a soplar y soplar, la débil casa acabó viniéndose abajo. Pero el cerdito echó
a correr y se refugió en la casa de su hermano mediano, que estaba hecha de madera.
- Cerditos sean buenos y déjenme entrar, caso contrario soplaré y soplaré y la casita
derribaré.
- ¡No! ¡Eso ni pensarlo!, dijeron los dos.
El lobo empezó a soplar y soplar y aunque esta vez tuvo que hacer más esfuerzos para
derribar la casa, sopló tan fuerte que la estructura de madera empezó a moverse y al final
todos los troncos que formaban la casa se cayeron y comenzaron a rodar ladera abajo. Los
hermanos, desesperados, huyeron a gran velocidad y llamaron a la puerta de su hermano
mayor, quien les abrió y les hizo pasar, cerrando la puerta con llave.
– Tranquilos, chicos, aquí estaremos bien. El lobo no podrá destrozar mi casa.
El temible lobo llegó y por más que sopló, no pudo mover ni un solo ladrillo de las paredes
¡Era una casa muy resistente! El lobo estaba cada vez más hambriento así que sopló y sopló
con todas sus fuerzas, pero esta vez no tenía nada que hacer porque la casa no se movía ni
siquiera un poco. Dentro los cerditos celebraban la resistencia de la casa de su hermano y
cantaban alegres por haberse librado del lobo:
- ¿Quién teme al lobo feroz? ¡No, no, no!
Fuera el lobo continuaba soplando en vano, cada vez más enfadado. Hasta que decidió parar
para descansar y entonces reparó en que la casa tenía una chimenea.
- ¡Ja! ¡Pensaban que de mí iban a librarse! ¡Subiré por la chimenea y me los comeré a los
tres!
Pero los cerditos le oyeron, y para darle su merecido llenaron la chimenea de leña y pusieron
al fuego un gran caldero con agua.
Así cuando el lobo cayó por la chimenea el agua estaba hirviendo y se pegó tal quemazo que
salió gritando de la casa, huyó para nunca más volver.
-¿Vieron lo que ha sucedido? – regañó el cerdito mayor a sus hermanos – ¡Los he salvado
de caer en las garras del lobo! Eso les pasa por flojos e inconscientes. Primero está la
obligación y luego la diversión. Espero que hayan aprendido la lección.
¡Y desde luego que lo hicieron! A partir de ese día se volvieron más responsables,
construyeron una casa de ladrillo y cemento como la de su sabio hermano mayor y vivieron
felices y tranquilos para siempre.
MORALEJA: El camino fácil y rápido no siempre es el mejor, debemos hacer las cosas con
esfuerzo y dedicación.
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Miss Patry Sedano,
Miss Patty Soruco
Thursday, May 14, 2020
CHARACTER COUNTS - La cigarra y la hormiga
La cigarra y la hormiga
Había una vez una cigarra quien sólo quería dedicar las horas del día a cantar
alegremente debajo de un árbol. No tenía ganas de trabajar, solo le apetecía
disfrutar de sol y cantar, bailar y jugar. De manera que así pasaba sus días, uno
tras otro.
Uno de esos días pasó por allí una hormiga que llevaba a cuestas un grano de
trigo muy grande, tan grande que apenas podía sostenerlo sobre su espalda. Al
verla, la cigarra se burló de ella y le dijo:
– ¿Adónde vas con tanto peso? ¡Con el buen día que hace y con tanto calor! Se
está mucho mejor aquí, a la sombra, cantando y jugando. ¿Acaso no quieres
divertirte?, se rió la cigarra.
- Sra. Cigarra, pronto llegará el invierno, es momento de trabajar y guardar
alimento suficiente para los días que están por venir. Mejor harías en recoger
provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería – le respondió la
hormiga, mientras transportaba el grano, atareada.
La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso al consejo de la hormiga.
La hormiga prefirió hacer caso omiso de sus burlas y continuar su camino en
silencio y fatigada por el esfuerzo. Así, la hormiga pasó todo el verano,
trabajando y almacenando provisiones para el invierno. Y cada vez que veía
a la cigarra, ésta se reía y le cantaba alguna canción de aires burlones:
– ¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las
hormigas porque no pueden jugar!
Así pasó el verano y las temperaturas empezaron a bajar. En ese momento, la
hormiga dejó de trabajar y se metió en su hormiguero, donde se encontraba
calentita y tenía comida suficiente para pasar todo el invierno. Entonces, se
dedicó a jugar y cantar.
Por otra parte, el invierno encontró a la cigarra debajo del mismo árbol, sin casa
y sin comida. No tenía nada para comer y estaba helada de frío. Fue entonces
que se lamentó no haber escuchado los consejos de la pequeña hormiguita.
Apenada por haber sido tan holgazana y necia. A partir de entonces, la cigarra
aprendió a no reírse del trabajo de los demás, a esforzarse y trabajar para
conseguir todo lo que necesitaba.
MORALEJA: Trabaja hoy para conseguir lo que puedas necesitar mañana.
Wednesday, April 8, 2020
CHARACTER COUNTS - Semana Santa
Estimados papás y mamá, les compartimos este cuento, y estos videos para que sus niños vean hoy.
Pueden colorear el siguiente dibujo
Mirar los siguientes videos:
Friday, March 20, 2020
CHARACTER COUNTS - Lealtad
Instrucciones para la tarea.
- Leer sobre el pilar de Lealtad.
- Leer la historia de "La montaña y el pájaro".
- Colorear el dibujo que hay al final del archivo (pueden imprimir el dibujo o hacerlo en un papel bond a mano).
LA MONTAÑA Y EL PÁJARO
(Loyalty)
Hace muchos años, en un lugar muy lejano, vivía una montaña solitaria y estéril. La
montaña estaba terriblemente sola. Veía salir y ponerse el sol, el día y la noche.
Pasaban las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno y nadie se acercaba a
ella. Veía alejarse a las nubes, y cómo la lluvia caía en silencio. Aún así, la montaña
intentaba comunicarse hablando en alto:
montaña estaba terriblemente sola. Veía salir y ponerse el sol, el día y la noche.
Pasaban las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno y nadie se acercaba a
ella. Veía alejarse a las nubes, y cómo la lluvia caía en silencio. Aún así, la montaña
intentaba comunicarse hablando en alto:
- ¡Hooolaaa! ¡Hooolaaa!
Pero nadie le contestaba, hasta que un día, mientras observaba a una bandada de
pájaros volando por ella, de repente, sintió que uno de aquellos pájaros se pasaba
en su hombro. Y comenzaron a hablar... El pájarito le contó historias de los lugares
que había visitado, las cosas que había visto, y que es lo que sentía al dominar los
cielos y conquistar el espacio. La montaña escuchaba embelesada, pero pronto
llegó el día en que el pequeño pájaro tenía que reunirse con su bandada y proseguir
su viaje. Pero prometió volver al próximo año con nuevas historias.
La montaña suspiró y esperó con impaciencia a que el pájaro regresara.
Y al año siguiente, el pájaro cumplió su promesa. Y lo siguió haciendo año tras año,
contando historias emocionantes de todo lo que había visto. Y así, la montaña ya
no se sentía ni triste ni sola, porque tenía un amigo que le era fiel y leal.
Sin embargo, el pájaro se fue haciendo mayor y un día le dijo a la montaña:
- Me estoy quedando mayor y el año próximo mis alas ya no podrán soportar un
viaje tan largo. Así que esta será mi última visita, amigo.
La montaña, de triste y apenada, casi se puso a llorar. Pero el pájaro la consoló
diciendo:
- No te preocupes, mis hijos vendrán a visitarte y te contarán las aventuras de sus
viajes.
Volvió a caer la lluvia en silencio y las nubes se alejaron después de la montaña.
Hasta que un día una bandada de pájaros volvió a aparecer cerca de ella y tres
pájaros jóvenes se posaron en su hombro y empezaron a contarle nuevas y curiosas
historias. Eran los hijos del pájaro amigo de la montaña.
Y así fue como la montaña no volvió a quedarse sola. Cuando los tres pájaros se
hicieron mayores mandaron a sus hijos a hacerle compañía a la montaña, y luego
fueron los hijos de sus hijos... Y la montaña siempre ha podido contar con la
compañía y las historias de sus pequeños amiguitos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado...
hicieron mayores mandaron a sus hijos a hacerle compañía a la montaña, y luego
fueron los hijos de sus hijos... Y la montaña siempre ha podido contar con la
compañía y las historias de sus pequeños amiguitos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado...
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